Por Agustin Martinez Plinio

Los avances de la tecnología y su necesaria utilización en tiempos de aislamiento social han reavivado la trascendencia actual de aquellos acuerdos de voluntades que son concretados utilizando medios de comunicación informáticos. Innumerables ventajas nos brinda este tipo de contratación, sobretodo en materia de celeridad, lo que trae aparejado situaciones de relevancia práctica y jurídica a solucionar.-

Antes que nada, nos preguntamos ¿cuando estamos frente a un contrato electrónico? creemos que lo central pasa por captar de qué manera se ha obtenido el consentimiento de las partes. Es decir, el CCCN nos enseña que el perfeccionamiento del contrato se da mediante la aceptación de una oferta ya sea de manera inmediata (cuando estamos frente a un contrato entre presentes) o cuando esa aceptación es recibida por el oferente (contratos entre ausentes).  Ahora bien, el “medio” del cual se valdrán las partes para manifestar su voluntad y así lograr el afamado consentimiento es el que determinará que nos encontramos frente a un “contrato electrónico” o contrato “por medio informático”.-

Aclaramos, adentrándonos en el análisis, que los contratos electrónicos no deben confundirse con los informáticos. Los contratos informáticos son aquellos cuyo objeto recae sobre bienes y/o servicios informáticos tales como la adquisición, licencia de uso, etc de hardware o software. En cambio, en los contratos electrónicos nos centramos en la formación del consentimiento a través de medios informáticos.-

Teniendo en cuenta lo arriba diferenciado, será también de utilidad distinguir dos situaciones a los fines de dilucidar la normativa aplicable. Por un lado, aquellos contratos electrónicos que se perfeccionan de manera instantánea, por mas que sean a la distancia, ya que se cumlple con el requisito de la “inmediatez”(1). El art. 974 del CCCN expresamente dispone que la oferta realizada por un medio de comunicación instantáneo solo puede ser aceptada en simultáneo. Por otro lado, nos encontramos frente a los contratos electrónicos en los que media un lapso de tiempo entre la oferta y la aceptación(2), se los reputará como contratos entre ausentes, es decir, al momento en que se reciba la aceptación se perfeccionará el contrato.-

Continuando con el desarrollo, no debemos perder de vista el encuadre clasificatorio del contrato. Dependiendo las partes y la formación del consentimiento, estaremos frente a un contrato: a) paritario (es decir, negociado en equivalencia de condiciones); b) de adhesión o c) de consumo.-

Si estamos frente a un contrato electrónico de adhesión (que puede o no ser de consumo) serán de aplicación las reglas relativas a los arts. 984 y siguientes del CCCN. ¿Que implica? Los contratos por adhesión se caracterizan en que la parte aceptante solo decide adherirse a la voluntad previamente expresada por el oferente, con cláusulas pre redactadas de manera genérica. La normativa va a exigir, para que dichos contratos sean válidos, que las cláusulas que contenga el contrato sean: a) Comprensibles: clara y fácilmente legibles. En idioma nacional, salvo contratación internacional. b) Autosuficientes: completa, debe bastarse a sí misma, no debe remitir a otros documentos. La interpretación ante ambigüedades será contraria al predisponente y se tendrán por no escritas las denominadas “cláusulas abusivas”.-

La contratación electrónica acentúa las características de los contratos por adhesión, solo el hecho de poder perfeccionar un contrato presionando la tecla enter, “clickeando”, tocando una pantalla táctil o apretando un botón de una consola de videojuegos nos determina la imposibilidad de aclarar lo más mínimo. Las cláusulas negociadas en particular, serán la excepción.-

En la misma categoría, podemos incluir la figura análoga de los contratos “shrink-wrap” aquellos donde el adherente realmente se ve desprotegido ya que ni siquiera accede de manera inmediata a la información sino que le son acercados una vez perfeccionado el contrato. Los clásicos ejemplos vienen de la mano de la compra de programas de software cuando, una vez que aceptamos la compra (perfeccionamos el contrato), se nos muestran los términos y condiciones. 

Respecto a los contratos de consumo, que serán mayoría en contratacion electrónica, se encuentran regulados específicamente en el CCCN (art. 1092 y ss) y en la Ley de defensa al Consumidor. Son aquellos contratos celebrados entre un proveedor y un consumidor. Se considera al consumidor como la parte “débil”  de la relación siendo aquella que adquiere o utiliza un bien o servicio como destinatario final. 

En materia de consumo ya encontramos regulación específica por cuanto el CCCN los considera contratos celebrados bajo “modalidades especiales” aclarando que, serán reputados como contratos celebrados a distancia cuando no hay presencia física simultánea. El acierto viene de la mano de equiparar el soporte el electrónico al soporte papel para el caso en que se requiere como formalidad que el contrato sea por escrito dando lugar a la afamada “despapelización”. Aún así, de surgir cualquier tipo de conflicto ¿tendrá igual fuerza probatoria que un documento papel? debería, aunque comúnmente las actualizaciones e innovaciones legislativas tienen un efecto paulatino en los operadores jurídicos. 

Las implicancias prácticas serán, entre otras, la flexibilización del derecho a revocar el contrato, lo que podrá ser realizado sin causa alguna, la obligatoriedad de las ofertas durante todo el tiempo en que sean visibles para el destinatario y el deber de información agravado. A todo ello debe sumarse la protección del consumidor a través de la ley 24240 y la especial aplicación de los principios consumeriles.-

La normativa en favor del consumidor hará las veces de manto protector por cuanto existirá cierta flexibilidad probatoria e interpretación más favorable al consumidor. Incluso, podrá darse lugar a los reclamos de daños y perjuicios, y, entre ellos, reclamarse daño moral. A modo de ejemplo, vemos como la Cam 6ta civil y comercial de Córdoba hace lugar “… Establecido que el daño fue el resultado del incumplimiento de la empresa demandada de sus deberes de información, trato digno y por la falta de reconocimiento del irrenunciable derecho de la consumidora a la revocación del contrato celebrado por medios electrónicos, el daño moral de la actora surge evidente de la circunstancia probada referida a los diferentes reclamos que debió realizar tanto ante la empresa como en la Dirección de Defensa del Consumidor, sin respuesta satisfactoria…”(3).-

Habiendo repasado, en acotado resumen, la ubicación de cada contrato electrónico en las distintas clasificaciones, nos centramos ahora en aclarar algunas cuestiones genéricas relativas a la forma. La regla, establecida en el art. 284 del CCCN y ratificada en materia contractual en el art. 1015, consagra la libertad de formas en los actos jurídicos (incluidos los contratos) salvo excepciones legales o convencionales. Los instrumentos pueden o no estar firmados, la firma acredita que la persona ha manifestado su voluntad. entonces nos cabe preguntarnos ¿qué tipo de firmas conocemos? suelen confundirse entre sí. 

La firma ológrafa será la manuscrita, aquella que consista en un nombre o un signo de su autor. Distinta a la firma digital, que puede reemplazarla en los instrumentos electrónicos, y que la Ley de Firma Digital la define como: “resultado de aplicar a un documento digital un procedimiento matemático que requiere información de exclusivo conocimiento del firmante, encontrándose ésta bajo su absoluto control. La firma digital debe ser susceptible de verificación por terceras partes, tal que dicha verificación simultáneamente permita identificar al firmante y detectar cualquier alteración del documento digital posterior a su firma.”  como podemos observar, la firma digital es un complejo procedimiento que acredita autoría del instrumento y a su vez es un concepto jurídico. 

Por último, encontramos la firma electrónica, distinta a las dos anteriores. Será, según la misma ley, aquel conjunto de datos asociados a otros datos utilizado por el signatario como su medio de identificación (ej: cuando vemos la firma inserta por medios electrónicos en el documento), lo central radica en que la firma electrónica no cuenta con las certificaciones de la firma digital por lo que habrá que acreditar la autoría del instrumento por otros medios.-

Habiendo dado un panorama general acerca de las distintas situaciones que se nos presentan frente a la contratación electrónica podemos concluir en que contamos con las herramientas necesarias para afrontar los cambios que se dan día a día. Sin perjuicio de ello, deberá la legislación mantenerse actualizada, acompañar y proteger a las partes. Creemos podría mejorarse la técnica legislativa ya que ciertas cuestiones, como vimos anteriormente, han sido receptadas solo en materia consumeril y no para la generalidad de los contratos.- 

  1.  vgr. Contratos perfeccionados utilizando skype, zoom, whatsapp u otras plataformas que permitan contacto directo.
  2. vgr. Se envía una oferta por correo electrónico.-
  3.  Tribunal: Cámara 6a Civil y Comercial, Córdoba: Autos: «Álvarez, Beatriz c/ Falabella SA – Abreviado – Otros – Recurso de Apelación (Expte. Nº 02644308/36)»Sentencia Nº: 9. Fecha: 22/02/2017

Bibliografía consultada: